Coléricamente amenizaba con el hijo de su fantasía
Externamente, sólo caminaba.
Intensamente se empapaba a cada paso.
El éxtasis era meritorio, en tanto y en cuanto la salvedad de ser pequeña no fuera tenida en cuenta.
Sabía que cuando pasaba por ahí, aunque no estuviera él,
se percataría del perfume de su éxodo eterno.
Sabía que aunque rodaran las horas, al coincidir con su paso, él encontraría su aroma.
Sabía que era parte de crecer equivocarse,
pero su aspecto nunca la delataba.
La sonrisa se dibujó en su rostro al ver esa espalda.
Tocó ese hombro con delicadeza y ante su sorpresa sólo atinó a decir :
“perdón me confundi”


